Cómo derrotar a los pensamientos no deseados

pensamientos-no-deseadosLos pensamientos no deseados son aquellos que al tenerlos nos hacen sentir ansiosos, desolados, tristes, nerviosos y nos impiden disfrutar del momento, o simplemente dormir plácidamente.

Existen muchos tipos de pensamientos que no desearíamos tener, como preocuparnos excesivamente por algún comentario o crítica que nos han hecho, o por algo que hemos hecho o dicho de lo que nos arrepentimos, también puede ser problema que, en principio, no es tan excesivo si lo miramos fríamente, o que al no tener solución no nos sirve de nada preocuparnos por él y no avanzamos viendo alternativas paralelas. También tenemos miedos a veces irracionales, en fin, la lista puede ser casi infinita.

Otro tipo de pensamientos alteradores son aquellos que se consideran socialmente inmorales o que violan los códigos éticos de nuestra sociedad, como pensar en infligir daño a otras personas, pensamientos de actos sexuales considerados inmorales, ideas relacionadas con miedos, como la de perder el control y hacer daño a los propios hijos, o simplemente ideas como irnos de casa, dejar a nuestra pareja y nuestros hijos, hacernos daño a nosotros mismos, etc.

Una de las cosas más irritantes de tener estos malos pensamientos, es que se quedan “atascados” revoloteando en nuestra mente sin cesar e impidiéndonos ser felices. Esos pensamientos pueden expresarse en forma frases, como una voz en nuestra mente, o pueden tener la forma de imágenes mentales, pero tienen en común el hecho de que resultan desagradables.

Sea cual sea el pensamiento, lo cierto es que el ser humano pasa bastante tiempo pensando cosas que preferiría no pensar y además es muy difícil de controlar. A veces, este tipo de ideas van acompañadas de impulsos; es decir, de un deseo de hacer realidad aquello que has pensado.

Desde hace bastante tiempo se ha utilizado el método de “supresión del pensamiento” para intentar lidiar con ellos y hacerles frente: tratamos de empujarlo fuera de nuestras mentes. Pero recientes investigaciones muestran que este sistema en realidad no funciona, al contrario, irónicamente, al tratar de empujar los pensamientos lo que conseguimos es que se vuelvan más fuertes. Es un hallazgo muy frustrante, pero uno que ha sido replicado de forma experimental y otra vez. Así que ¿cómo podemos echar fuera los pensamientos repetitivos irritantes?

En un artículo para American Psychologist, el experto en supresión de pensamientos, Daniel Wegner, explica algunos métodos potenciales para atacar la persistencia de pensamientos no deseados (Wegner, 2011).

1. Distracción centrada

La tendencia natural cuando se trata de liberar nuestra mente de, por ejemplo, una metedura de pata que hemos cometido, es tratar de pensar en otra cosa: distraernos. La mente deambula en busca de nuevas cosas en que concentrarse con la esperanza de estar en paz.

La distracción funciona pero, curiosamente, los estudios sugieren que es mejor distraerse con una sola cosa en vez de dejar que la mente divague. Esto es debido a que una mente vagando sin dirección alguna está asociada con la infelicidad; es mejor concentrarse en, por ejemplo, una pieza musical en específico, un programa de TV o una tarea que nos pongamos a hacer para centrar nuestra atención y salir del buble de pensamiento indeseado.

2. Evitar el estrés

Otro método intuitivo para evitar pensamientos persistentes es ponernos bajo estrés. La idea es que tener mucho trabajo o prisa nos dejará con poca energía mental para esos pensamientos que nos preocupan. pero desgraciadamente está comprobado científicamente que esto resulta ser una mala táctica. De hecho, en vez de ser una distracción, el estrés hace que esos pensamientos vuelvan con más fuerza, así que sin duda no debería usarse como una manera de evitar pensamientos desagradables.

3. Dejar el pensamiento para después

Ya hemos visto que tratar de suprimir continuamente un pensamiento, hace que éste vuelva con mayor fuerza, pero parece ser que dejarlo para más adelante, puede funcionar.

Los investigadores han hecho la prueba de restringir nuestros pensamientos persistentes de ansiedad o preocupaciones al llamado ‘período de inquietud’, que tiene una duración determinada de 30 minutos. este sistema consiste en que, debemos buscamos cada día media hora de nuestro tiempo para preocuparnos sin fin, libremente, sin restricciones, en solitario. Luego dejamos atrás los pensamientos. El propósito de este sistema es dejar liberar nuestra mente, pero sólo durante un tiempo limitado, ya que el resto del día no debemos atender a dichos pensamientos. Algunos estudios sugieren que muchas personas lo ven como una forma de esquivar la supresión de pensamientos.

Así que centra todas tus preocupaciones durante un tiempo determinado, esto puede aliviar tu mente el resto del día con mayor facilidad.

4. Terapia paradójica

Otro sistema que se ha demostrado que funciona es, en vez de tratar de suprimir un pensamiento repetitivo sobre, por ejemplo, hablar en público, lo enfrentamos directamente y nos concentramos en él.

Parece paradójico que concentrarse en un pensamiento puede ayudar a que desaparezca, pero hay investigaciones que sugieren que puede funcionar. Esto está basado en el principio establecido ya hace mucho de ‘terapia de exposición: se trata, por ejemplo, que una persona con fobia a las arañas sea expuesto lentamente pero con seguridad a arañas, hasta que el miedo comienza a desvanecerse.

Esta aproximación no es para los débiles de corazón, pero las investigaciones sugieren que puede ser útil para aquellos que combaten pensamientos obsesivos y conductas impulsivas.

5. Aceptación

Siguiendo el mismo criterio, pero no tan directo, hay evidencias de que tratar de aceptar pensamientos indeseables en vez de combatirlos puede ser beneficioso. Aquí están las directrices de un estudio que demostró que el método reduce el estrés de los participantes:

“Luchar con un pensamiento obsesivo es como luchar en arenas movedizas. En su lugar, quiero que veas directamente tus pensamientos. Imagínate que están saliendo de tus orejas en pequeños carteles sostenidos por soldados marchando. Quiero que permitas a los soldados que marchen por delante de ti, como un pequeño desfile. No discutas con las pancartas, ni las evites, ni trates de hacerlas desaparecer. Sólo velas marchar.” (Marcks & Woods, 2005, p. 440)

6. Meditar

Es un método similar al de la aceptación. Parece ser que la atenta meditación budista promueve una actitud de compasión y no juzgar a los pensamientos que revolotean por nuestra mente. Esto también puede ser un enfoque útil para pensamientos repetitivos y no deseados.

Existen muchas guías de meditación y relajación (como los CD de relajación guiada) fáciles de encontrar sólo es cuestión de proponérselo.

7. La autoafirmación

La autoafirmación es el último descubrimiento del tratamiento psicológico. Se trata de pensar en nuestros rasgos positivos y creencias, centrándonos en ellos y no en los negativos o desaprobadores. Se ha demostrado que aumenta nuestra confianza social y el autocontrol, entre otros beneficios.

Una de las maneras de potenciar nuestra autoestima es autoafirmándonos cuando es difícil hacerlo. La autoafirmación es uno de los pilares en que se apoya la autoestima porque significa “respetar nuestros necesidades y deseos“, no significa que por ello seamos agresivos o imponer nuestros derechos indiferentes a los demás.

Practicar la autoafirmaicón es vivir y hablar de acuerdo con nuestros sentimientos más íntimos y nuestras convicciones. En cada contexto hay formas adecuadas de expresar nuestra autoafirmación: puede ser con un educado silencio mostrar desacuerdo, presentar amablemente nuestras ideas. Lo verdaderamente importante es conocernos y ser auténticos.

8. Escritura expresiva

Convertir los sentimientos en palabras escribiéndolos, ya sea con lápiz y papel o con un teclado, es para muchos un alivio emocional, sobre todo cuando se han vivido episodios traumáticos. La escritura sirve en ciertos momentos de la vida como terapia. Esto no es nuevo, numerosos estudios realizados en las tres últimas décadas lo demuestran. Psicólogos y psiquiatras incorporan la redacción como método de alivio emocional de sus pacientes. Pero una investigación reciente de la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda) ha constatado que escribir ayuda, además, a acelerar la cicatrización de las heridas físicas.

Elizabeth Broadbent, psicóloga del departamento de medicina que ha dirigido el estudio ‘Escritura expresiva y curación de heridas en personas mayores’, publicado en el número de julio de Psychosomatic Medicine, asevera que la escritura funciona como cicatrizante cuando versa sobre eventos tristes “o los sentimientos más profundos de la persona”. De momento lo han probado en adultos de 64 a 97 años. A los 49 participantes se les hizo una biopsia que dejó una herida en sus brazos, se les pidió que escribieran durante 20 minutos al día y cada cuatro o cinco días, los investigadores fotografiaron sus lesiones hasta que curaron. Una mitad relataba en un papel sus pensamientos, experiencias traumáticas y emociones, y la otra escribía sobre sus planes del día evitando mencionar aspectos sentimentales. A los once días, un 76,2% de integrantes del primer grupo ya había curado la herida, frente al 42,1% del segundo.

La explicación a este fenómeno es que “el estrés y la depresión están relacionados con una curación de las heridas más lenta”, dice el informe. “Hasta ahora solo se había investigado cómo se puede reducir ese estrés en personas mayores con ejercicio físico”, continúa el documento que apunta que los achaques de la edad pueden dificultar este tipo de terapia. Sin embargo, “una alternativa factible puede ser la escritura expresiva, que es breve, fácil de administrar y barata”, subrayan los autores. “Creemos que puede ser útil, pero para su aplicación necesitamos testar la escritura expresiva en otro tipo de heridas”, advierte por correo electrónico Broadbent.

Consejos para la escritura terapéutica

El profesor James W. Pennebaker, de la Universidad de Texas, ha investigado durante dos décadas cómo la escritura expresiva puede ayudar a curar heridas emocionales. Estos son sus consejos:

  • Buscar un momento y lugar en el que no vaya a ser molestado ni interrumpido.
  • Escribir de forma continua durante al menos 20 minutos.
  • No se preocupe por la ortografía o la gramática, no importa. Recuerde que lo que escriba es solo para usted.
  • Escribir sobre algo muy personal e importante. Este es el momento para ello. No se quede en la superficie, sea sincero.
  • Trate solo de acontecimientos o eventos que realmente pueda afrontar ahora

Lo que sí es seguro, es que los pensamientos no deseados no suelen marchar de nuestras mentes sin más, hemos de ser nosotros los que nos pongamos manos a la obra…

 

fuente: http://www.psicoactiva.com/blog/como-derrotar-los-pensamientos-deseados/

El Mandelbulbo, el primer fractal en 3D

“Mandelbulbos”, o vulvas de mandalas, el castillo de matemáticas de dios derretido. Estos espacios habitan dentro de la fórmula matemática de Benoit Mandelbrot, quien diera nombre a los fractales: formas geométricas autosemejantes que pueden ser magnificadas (incluso a un tamaño mayor que el del universo físico) o divididas y sin perder los mismos patrones de la imagen original: es como ver en una piedra la forma de la montaña a la que pertenece o una galaxia en una huella digital.

Por primera vez, según su autor Daniel White, se ha logrado crear un objeto (aunque teórico, pero matemáticamente real) en 3D de la fórmula de Mandelbrot. La idea del Mandelbulbo, o Mandelbrot 3D inicia con Rudy Rucker, al final de los ’80, pero por una limitación de software no se había realizado hasta la fecha. El conjunto de Mandelbrot es plano y en 2D, pero el Mandelbulbo de White logra fractalizarse en cualquier punto al que se le haga zoom y muestra profundidad, perspectiva, sombra y fuente de luz.

La primera imagen es la fuente de todas las demás, las cuales son renders obtenidos al zoomear libremente en ella. Podemos ver que de la nave nodriza (o piedra filosofractal) no sólo se desprenden otras naves, sino también los paisajes de los planetas a los que irán, como si en la piel estuviera todo lo que fuéramos a tocar, encriptado a un nivel cuántico.

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El portal a la casa del demiurgo o alcoba secreta de Atlantis.

mandelbulbo-christmas-coral-bed-smallLa impresión que da ver estos fractales tridimensionales (como esporas en los conductos intrauterinos del espacio) es que toda la materia está hecha de la misma fórmula matemática, que el universo se parece peligrosamente a sí mismo hasta el infinito.

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Aplicando la fórmula zn + 1zn2 + a un plano complejo se forma la imagen característica del conjunto de mandelbrot (“se ve como un hombre, como un gato, como un cactus, como una cucaracha, nos recuerda casi todo lo que está vivo y sin embargo es en sí misma única y nueva”). Si nos acercamos (damos zoom) a ciertas partes de la imagen, reaparece en miniatura la imagen total. Un mismo motivo aparece a distintas escalas, a un número infinito de escalas. (Genera fractales de Mandelbrot aquí).

Imandelbrot-iceCreamFromNeptune-small2Habitantes al interior del Mandelbulbo, entidades marinas, nacaradas nereidas abstractas al interior de la vulva mundi, dignas de Matthew Barney. Cuasi-coral, conchas y óvulos, orgános y huesos. David White titula esta imagen “Icecream in Neptune”. Mar de piedra derretida, altamente erótica.

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Ver explicación y más imágenes en Skytopia

Fábrica de fractales: los colores del infinito de Mandelbrot

 

 

 
 fuente: http://m.pijamasurf.com/2009/11/el-mandelbulbo-primer-fractal-en-3d-buceando-dentro-del-mar-de-mandelbrot/?preview=true

PEYOTE Y SALUD MENTAL

 

Publicado en R. D´Abaddie, C. Mikaelian, P. Diaz & J. Mabit (Eds.), Medicinas tradicionales, interculturalidad y salud mental. Memorias del congreso internacional del 7 al 10 del junio 2019. Lima, Peru: Takiwasi (p. 101-106)

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Dipl. Psych. Anya Loizaga Velder
Psic. Armando Loizaga Pazzi

El peyote es un pequeño cactus conocido científicamente como Lophophora williamsii, que contiene más de cincuenta alcaloides aislados hasta ahora (Hofman and Schultes 1979/1992), siendo la mezcalina el componente psicoactivo mas estudiado por la farmacología moderna. Es endémico del desierto mexicano y se estima que su uso ceremonial data de varios miles de años. La evidencia mas antigua del uso del peyote por indígenas americanos data de 5700 años por habitantes de lo que ahora es el Estado de Texas en la cueva de Shumla (Bruhn, De Smet et al. 2002). El uso ritual del peyote entre los indígenas fue considerado un pecado por la Iglesia Católica, que prohibió su consumo en 1620 a través de un Edicto de Fe. La persecución del peyote era extrema y en ciertos manuales de la Inquisición se incluía esta planta entre las preguntas imprescindibles sobre los pecados abominables para la confesión de los conversos (Stewart 1993).

 

 

 

ver el pdf con la información en:  View Pdf

http://nierika.info/castellano/wp-content/uploads/2013/04/peyote-y-salud-mental.pdf

 

Los beneficios de la música para tu mente

 

UN BREVE REPASO POR ALGUNAS DE LAS PSICOMIELES QUE LA MÚSICA DERRAMA SOBRE NUESTRA MENTE; OJALÁ SIRVA ESTO COMO INVITACIÓN A TOMAR LAS RIENDAS DE TU PROPIO PLAYLIST EXISTENCIAL.

Analizando brevemente la historia humana, al menos los últimos cinco mil años, podríamos afirmar que la música ha sido uno de los más estimulantes y nobles acompañantes que hemos tenido. Ya sea para reafirmar nuestra existencia, para ambientar momentos épicos que se entretejen con nuestra cotidianidad, para acariciarnos en los momentos más duros del camino, o como eje de movimientos sociales o patrones culturales, lo cierto es que este exquisito producto de la creatividad humana resulta, invariablemente, una compañía casi inmejorable.

Es altamente probable que coincidas con las anteriores líneas –me resulta difícil creer que existan seres humanos imposibilitados de acceder a una deliciosa comunión con la música. Pero por si necesitaras algún re-afirmante, tal vez repasar la postura al respecto de algunos de los más ilustres pensadores de nuestra historia podría ayudarte:

Por ejemplo, el escritor Aldous Huxley advertía que “tras el silencio, aquello que mejor puede expresar lo inexpresable es la música”. Mientras que Nietzsche aseguraba que “sin música, la vida sería un error” o que en ella la pasión se auto-complace, y Beethoven anunciaba que la música es una revelación que supera toda filosofía y toda sabiduría. Y no solo podemos encontrar inspiradoras afirmaciones sobre esta gloriosa herramienta, su desbordante esencia también ha servido para dar vida a algunas de las más exquisitas metáforas, como aquella que reza: “tu eres la música mientras esta dura”, cortesía de TS Elliot, o cuando Lao Tzu explicaba que “la música del alma puede ser escuchada por el universo”.  

Más allá de celebrar las mieles de la música, en esta ocasión me gustaría llevar su glorificación a un plano distinto, al de la psicología y la neurociencia. A continuación les comparto algunos beneficios, científicamente comprobados, que la música tiene para nosotros:

Reduce el dolor y diluye la ansiedad

Si partimos de la afirmación que el dolor físico es parcialmente subjetivo, entonces alterar la percepción de una persona puede cambiar la forma en la que se experimenta esa sensación. La música puede romper la repetitiva secuencia dolor-estrés-dolor que envía información a nuestro cerebro, y con ello disminuir significativamente la presencia de esta sensación. Pero también se ha comprobado que la música actúa sobre el sistema opiáceo de nuestro cerebro, y cuando una persona escucha música que le es grata, ese estímulo puede activar dicho sistema, lo cual permite combatir la sensación de dolor físico.[1]

Estimula la alegría

A pesar de que esta afirmación resulta obvia para muchos de nosotros, lo cierto es que también existe un fundamento neuronal para explicar este fenómeno. De acuerdo con un estudio de la Universidad McGill, exponerte a música que disfrutas detona la producción de dopamina, neurotransmisor que activa el mismo centro de placer que estimulan las experiencias sexuales o gastronómicas.

Favorece la concentración

Según el psicólogo clínico Jonas Vaag, miembro activo del Nord-Trøndelag Health Trust, en Noruega, cierto tipo de música, particularmente la clásica, y aún más específicamente las piezas barrocas de compositores como Hendel y Bach, auxiliarán a tu mente para concentrarse y organizar información con mayor destreza. Aparentemente sorprender a tu mente estimulándola con un sonido distinto al que espera, pero como parte de una dinámica armónica, ayuda a que se afinen, instantáneamente, las regiones cerebrales encargadas de la atención y la anticipación.

En fin, debo confesar que en lo personal no requería de fundamentos neurocientíficos para consumar mi entrega total respecto a mis hábitos musicales. Pero creo que no deja de resultar emocionante el comprobar que aquellas sublimes sensaciones registradas a lo largo de nuestra vida, en compañía de música, aportan beneficios tangibles, y medibles, al funcionamiento de nuestra mente. Y si consideramos que la ‘realidad’, o al menos una buena porción de ella, se produce en la actitud mental que entretejemos, entonces podemos afirmar que la música, literalmente, puede ayudarnos a construir una mejor existencia. Y por eso los invito a ser los propios Dj’s de su vida, a tomar las riendas de tu propio playlist existencial, a conocer la manera en que tu ánimo reacciona ante específicos estímulos musicales, y a aprovechar , de forma tanto práctica como poética, las múltiples bendiciones sonoras que te rodean. Salud!

 
fuente: http://pijamasurf.com/2013/02/los-beneficios-de-la-musica-para-tu-mente/

El misterio del silencio y la vía mística

NUESTRA RELACIÓN PARADÓJICA CON EL SILENCIO HIZO QUE PRIMERO LO BORRÁRAMOS DE NUESTRAS VIDAS, LLENANDO EL MUNDO DE RUIDOSOSO OBJETOS, PARA LUEGO DESEARLO COMO LA SOLUCIÓN A NUESTRO MALESTAR; ESTE IMPULSO DE BUSCAR EL SILENCIO, SU EXCLUSIVA DIMENSIÓN, ESCONDE TAMBIÉN UNA SED MÍSTICA.

 

El silencio es oro.

Proverbio

 

Nuestra cultura tiene una relación paradójica con el silencio. Por un lado, lo hemos identificado con la divinidad o con lo místico (lo más valioso de lo inmaterial), ya sea como una cualidad de lo divino o como una estructura o una dimensión que permite lo místico —o al menos esa paz que nos brinda entendimiento. Por otro lado, hemos manifestado un consistente pánico hacia el silencio y el vacío, llenando el espacio de ruido y cosas innecesarias en un abigarrado impulso barroco que puede leerse como una forma de escapar del presente y de la inmanencia del ser.

El auge de la espiritualidad occidental, remezlcando tradiciones orientales, se sustenta en la idea de que es necesario encontrar el silencio para poder recibir visiones significativas, para aquietar la mente y poder escuchar la voz interna y encontrar el equilibrio que trae la sabiduría —más allá del mundanal ruido. Creemos que al acercarnos al silencio —aunque este sea ya una abstracción, un reciclaje metafísico o una utopía— nos acercamos a una región sagrada, donde el ser yace prístino, incontaminado en una especie de eternidad. Hay en el silencio algo como una nostalgia del principio del mundo. Existe incrustada en nuestra psique la noción arquetípica de que el origen es superior al devenir de una cosa —acaso apuntalada en el hecho de que lo inmanifiesto cuenta con un potencial relativamente ilimitado— y que el tiempo va despojando a las cosas de su pureza. El Tao, nos dicen, “es como un bloque de madera sin tallar”.

Wittgenstein expresó esta primacía misteriosa de lo inmanifiesto o inefable en el Tractatus: “Hay, ciertamente, lo inexpresable, lo que se muestra a sí mismo; esto es lo místico”. Aldous Huxley expresó más o menos la misma idea: “Después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es la música”. A esto habría que añadir, citando también a Wittgenstein,”lo místico no es como es el mundo sino que sea”. Tenemos aquí la idea de que lo místico no es como nos decimos que es el mundo, sino la experiencia pura, directa e incomunicable del mundo, o del ser sin aditamentos o artificios lingüísticos, aquello que expresa lo inexpresable es lo que “se muestra a sí mismo”: lo que comunicamos sin palabras es nuestro ser. Es doblemente paradójico porque también tenemos la impronta mitológica de pensar que el mundo se creó con lenguaje y por lo tanto la palabra es sagrada —quizás todo lo más porque se desprende del silencio, que es igualmente o más sagrado, el valle sobre el cual se erige el mundo. En cierta forma, el silencio cuenta con un aura que lo hace pasar por el lenguaje de los dioses. El naturalista e idealista Ralph Waldo Emerson escribió: “Hagamos silencio para escuchar el murmullo de los dioses”, como si detrás de la ofusación de nuestros sentidos anegados por el ruido corriera un rumor claro de río, un lenguaje transparente en el que los dioses cifran los secretos de la creación. Sigue leyendo

estrategias para reducir la ansiedad en los niños

Posiblemente la peor parte de la ansiedad es tener ansiedad ante la ansiedad. La conocida metáfora de la bola de nieve, que engorda a medida que rueda colina abajo, puede ayudarnos a ilustrar cómo la ansiedad desenfrenada crece rápidamente. Los niños pueden aprender a lidiar con la ansiedad a través de la adquisición de dos habilidades cruciales: capacidad para calmarse y resolver problemas. La escalada de la ansiedad en los niños puede ser expresada y percibida como un comportamiento desafiante. Enseñar a tu hijo a escuchar y controlar su ansiedad puede ayudarle mucho ahora y en el futuro, e incluso mejorar su comportamiento. A continuación se presentan cinco técnicas muy extendidas en la práctica clínica para ayudar a los niños a manejar la ansiedad:

Respirar con ellos. La respiración lenta y profunda facilita la reducción de la ansiedad. Puedes ayudar a tu hijo a practicar esto, guiándole para que se imagine cómo el aire viaja entrando por la nariz, pasando por la tráquea, y llegando al vientre, el cual se hincha como un globo. Puedes ayudarte de vídeos de Youtube en los que se explica cómo realizar esta respiración diafragmática. Otra manera de relajarse es alternativamente tensar y relajar los músculos alternativamente. En este caso puedes enseñarle a través de escenas divertidas, como por ejemplo, apretar las manos fuerte como si estuvieras exprimiendo limones, tensar los músculos de la cara para intentar espantar una mosca que se ha posado sobre su nariz, o apretar los músculos de los hombros y cuello al imaginar ser una tortuga que esconde su cabeza dentro del caparazón.

Ayudarles a identificar los pensamientos negativos. Puedes orientarle para que encuentre y asimile a un personaje o dibujo este tipo de pensamientos. En este sentido, por ejemplo, los pensamientos negativos puede ser hormigas que aparecen de repente y dicen cosas como “me va a salir mal”“te vas a caer”“todo me sale mal”… que nos ponen muy nerviosos. Anímales a que te expresen estos miedos y háblalo con ellos. Podéis dibujar a esas hormigas con pensamientos negativos. Ayúdale a producir el pensamiento alternativo como, por ejemplo, “si sigo practicando, me saldrá cada vez mejor”“todos nos equivocamos y cometemos errores, puedo aprender de ellos y hacerlo mejor la próxima vez”. Esto dará más confianza a tu hijo y reducirá su ansiedad. Además, saber que puede contar contigo para expresarse libremente le enseñará algo muy valioso, todos somos vulnerables y eso no significa ser débil.

Usar estrategias de exposición. La ansiedad tiene un importante componente fisiológico, esto es, sensaciones corporales generalmente muy desagradables para quien las padece. La exposición a estas sensaciones, aunque suene paradójico, facilita la interrupción de la escalada de la ansiedad. Por ejemplo, para un niño que informa de la falta de aire debido a la ansiedad, podemos pedirle que se siente con su padre y juntos contengan la respiración. El objetivo es que el niño identifique los síntomas físicos de la ansiedad, pero en ausencia de la percepción cognitiva de miedo y pánico. Aunque a los adultos también nos genere angustia ver a un niño sufriendo ansiedad, y lo que nos sale espontáneamente es protegerle y facilitar el escape de esa situación, debemos tener presente que la exposición siempre va a ser mucho mejor para ayudarle que la evitación. Por ello os recomendamos que os mostréis cercanos, cariñosos y firmes a la hora de alentar a tus hijos a enfrentar y trabajar con sus miedos.

Guiar al niño en la imaginación de escenas agradables. Puedes ayudar a tu hijo a imaginar un lugar relajante y a tomar conciencia de las sensaciones y sentimientos de calma en su cuerpo. O bien, puedes pedirle que se imagine una caja donde poner las preocupaciones que le molestan, para que la use cuando lo necesite o quiera estar haciendo otras cosas. Esto es un juego para dotarle de herramientas, pero no olvides que esas preocupaciones deben ser escuchadas.

Animar al niño a hacer una lista de “cosas que salieron bien hoy” al final del día. Esto ayuda a aquellos niños propensos a la ansiedad a que desarrollen un estilo cognitivo optimista, fomentando que sean capaces de fijar su atención en lo positivo, así como valorar sus éxitos diarios.

 

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

Cómo produce el cerebro experiencias místicas

La palabra neuroespiritualidad quiere expresar el hecho de que el cerebro es capaz de producir experiencias espirituales, religiosas, numinosas, divinas, místicas o de trascendencia. 

A mi juicio, este hecho es de una enorme importancia, porque la antítesis clásica entre materia y espíritu queda prácticamente anulada en el cerebro, que, siendo materia, es capaz de producir experiencias espirituales. Es la razón por la que he llamado en otro lugar al cerebro “espiriteria”, o sea una contracción entre espíritu y materia. 

Pero antes de explicar por qué podemos decir que el cerebro produce experiencias espirituales, quisiera definir lo que se entiende por “espiritualidad”. 

Si consultamos el Diccionario de la Real Academia Española encontramos lo siguiente: “Naturaleza y condición de espiritual”, definición que no nos convence porque es sabido que lo definido no debe entrar en la definición. 

A continuación buscamos lo que se entiende por “espiritual” y leemos: “Perteneciente o relativo al espíritu”. De nuevo un resultado parecido, por lo que buscamos la definición de “espíritu” y encontramos lo siguiente: “Ser inmaterial y dotado de razón”. Esta última definición nos lleva a plantearnos si el Diccionario de la Real Academia Española está a la altura de los tiempos. 

Esta definición es completamente absurda desde el punto de vista neurocientífico, ya que lo que viene a decir es que los seres inmateriales, presuponiendo su existencia, tienen cerebro, ya que no hay razón sin cerebro. 

El Diccionario de Oxford nos define la palabra espiritual de la manera siguiente: “Relacionado con el espíritu o alma y no con la naturaleza física o materia”. En esta definición, el espíritu se contrapone, de manera dualista clásica, a la materia. Pero ya hemos dicho que esto no es válido para el cerebro, por lo que esta definición no nos satisface tampoco. 

Hay otra definición también del mismo Diccionario respecto a la palabra espiritual que dice: “tener una mente o emociones de una alta y delicadamente refinada calidad”. Esta última definición se acerca más a lo que vamos a tratar en esta conferencia y entendemos por espiritualidad. 

La espiritualidad estudiada por la ciencia 

Lo que quiero plantear hoy aquí es que el cerebro, como hemos dicho, genera experiencias que se han llamado espirituales, religiosas, divinas, numinosas, místicas o de trascendencia gracias a la hiperactividad de estructuras que pertenecen al sistema límbico o cerebro emocional, y que se encuentran en la profundidad del lóbulo temporal. 

Esta hipótesis se ve apoyada por los experimentos que el neurocientífico canadiense de la Universidad Laurentiana en Sudbury, Ontario, en Canadá, Michael Persinger‎, realizó en los años ochenta del pasado siglo, experimentos con sujetos voluntarios normales y sanos utilizando la estimulación electromagnética de los lóbulos temporales, pudiendo en ellos producir la sensación de presencias de seres espirituales. 

Curiosamente, estos seres espirituales eran siempre de la religión a la que pertenecían los individuos en cuestión. Así que ningún cristiano vio nunca a Buda, a Alá o a Manitú, de la misma manera que ningún budista, mahometano o indio vio nunca a Jesucristo o a la Virgen María. 

En esos mismos años, concretamente en 1980, el neurocientífico estadounidense Arnold Mandell, actualmente profesor emérito de psiquiatría de la Universidad de California en San Diego, publicó un libro titulado Toward a Psychobiology of Trascendence (Hacia una psicobiología de la trascendencia), en el que decía que tanto las anfetaminas, como la cocaína y otras drogas alucinógenas constituían un puente farmacológico hacia la trascendencia, porque disminuían la síntesis de serotonina, un neurotransmisor cerebral que inhibe las estructuras límbicas del lóbulo temporal con la consecuente hiperactividad por desinhibición de esas estructuras que producen las experiencias espirituales, numinosas, divinas místicas o de trascendencia. 

El papel de la dopamina 

Hoy sabemos que la ingesta de LSD, psilocibina, DMT o mescalina, es decir drogas llamadas “enteógenas”, reducen la actividad de células que contienen serotonina. 

La serotonina inhibe las neuronas que contienen dopamina, otro neurotransmisor cerebral implicado en estas experiencias, por lo que una reducción de la actividad de la serotonina aumenta por desinhibición la descarga de las células que contienen dopamina. 

Quisiera explicar que la palabra “enteógena” fue acuñada por el profesor de filología clásica de la Universidad de Boston, Carl Ruck‎, y por su etimología significa “dios generado dentro de nosotros”. Estas drogas alucinógenas o enteógenas han sido llamadas así por que permiten el acceso a una segunda realidad en la que los sujetos dicen entrar en contacto con sus dioses. 

Que el neurotransmisor dopamina está implicado en estos fenómenos es apoyado por los siguientes hechos: Un gen del receptor de dopamina, el DRD4, se asocia de manera significativa a medidas de espiritualidad y auto-trascendencia; por otro lado sabemos que trastornos debidos a un exceso de dopamina, como la esquizofrenia y el trastorno obsesivo-compulsivo se asocian a aumentos de espiritualidad y religiosidad; y que los fármacos anti-psicóticos que bloquean la acción de la dopamina a nivel del sistema límbico disminuyen las conductas y los delirios religiosos en los pacientes. 

A la vista de estos hechos, yo propondría una definición de espiritualidad algo distinta a las definiciones que he mencionado anteriormente. La espiritualidad podría definirse como “El sentimiento o impresión subjetiva de alegría extraordinaria, de atemporalidad y de acceder a una segunda realidad que es experimentada más vívida e intensamente que la realidad cotidiana y que está producida por la hiperactividad de estructuras del cerebro emocional”. 

La sensación de alegría, felicidad o bienaventuranza viene mediada por la producción cerebral de endorfinas, sustancias parecidas a la morfina que el propio cerebro produce como analgésicos y sin las cuales los ejercicios musculares extenuantes no podrían realizarse por el dolor que produce la acumulación de ácido láctico. De ahí que los corredores de maratón o los atletas de alto rendimiento tengan experiencias placenteras que quieren repetir siempre que pueden. 

He tenido un doctorando que, a pesar de haber tenido una terrible experiencia en las Dolomitas, y que cayó treinta metros en vertical fracturándose varios huesos en cara y cuerpo; en cuanto se repuso de sus terribles heridas volvió de nuevo a escalar montañas. 

La sensación de que esa segunda realidad es más intensa que la realidad cotidiana se explica por la estimulación de la amígdala, estructura límbica del lóbulo temporal, que es la que añade el componente emocional, de importancia y de familiaridad a todas las experiencias vividas. La hiperactividad de esta estructura explica también el fenómeno del déjà vu, en el que el sujeto tiene la impresión de familiaridad de un lugar aunque nunca estuvo en él.

 

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la importancia de la estimulación temprana en los niños

El niño que gatea antes de echar a andar prepara su cerebro para un correcto aprendizaje posterior de la lectura y la escritura, imprescindibles para un adecuado progreso en la escuela, eliminando así un factor de riesgo del tan temido y extendido fracaso escolar.

Así de categórico se muestra Carlos Gardeta, psicólogo y director del Instituto Fay para la Estimulación Multisensorial, en el que un grupo de profesionales -médicos, psicólogos, pedagogos, trabajadores sociales, fisioterapeutas…- combate un problema que en España afecta al 30% de los menores de 16 años.

“Es un error pensar que los niños tienen que andar cuanto antes. El gateo tiene mucha importancia, pues es fundamental para coordinar los dos hemisferios del cerebro. Y para la lectoescritura, porque obliga al pequeño a colocar la cabeza y los brazos en una posición que le hace esforzarse para enfocar la visión en dos direcciones, estableciendo así la convergencia visual adecuada”, señala Gardeta.

Esa distancia entre la cabeza y las manos “es la misma” -continúa- “que existe cuando, más tarde, tenemos el papel delante. El gateo ayuda a desarrollar la visión, pero también el equilibrio y la tactibilidad, favoreciendo las conexiones entre los dos hemisferios cerebrales”.

Incorrecto desarrollo cerebral
Un porcentaje elevadísimo de los casos de fracaso escolar está motivado, según las tesis de Carlos Gardeta, por pequeñas disfunciones por inmadurez del sistema nervioso central, por un incorrecto desarrollo del cerebro del niño. ” Si no son corregidas” -asegura- “dificultarán el aprendizaje y pueden llegar a provocar el abandono de la escuela, además de un posterior fracaso profesional e, incluso, vital”.

“Los seres humanos, desde el momento de la concepción hasta los 7 años, pasamos por un proceso en el que adquirimos todas las funciones que harán posible que nos pongamos en el nivel de salida de nuestra especie”, señala Gardeta.

El cerebro graba pues la información que los sentidos reciben del entorno en base a establecer conexiones entre las neuronas de cada área del cerebro prefijadas por la evolución. “Cuando un área del cerebro llega a tener la cantidad de neuronas y conexiones necesarias, siempre se produce la función que tiene encomendada”, continua.

Pero qué ocurre cuando una determinada función -la lectura, el habla, la escritura…- no aparece. Quiere decir que su correspondiente área cerebral no está organizada correctamente. “Si el cerebro no reconoce la pierna es imposible andar”, explica Carlos Gardeta.

Desorden Neuronal
Ante una situación de este tipo, en el Instituto Fay -que debe su nombre al neurólogo y neurocirujano estadounidense Temple Fay- buscan las áreas cerebrales que están insuficientemente organizadas, o que simplemente no están organizadas según el plan maestro de nuestra especie. Tres causas pueden provocar el desorden.

La primera, que haya habido una falta de estímulos medioambientales o del entorno suficientes, situación que se da sobre todo en niños abandonados en orfanatos. “Sus madres tienen otros intereses más potentes que la cría, como la supervivencia, la droga u otras. No es lo mismo tener una madre en exclusiva que una cuidadora compartida con otros muchos niños. Entonces no hay suficientes estímulos para que la organización del cerebro se ponga en marcha”, comenta Gardeta.

A los problemas genéticos, la segunda causa, se suma una tercera, la falta de una oxigenación correcta del cerebro, que casi siempre se produce en el momento del parto y que al ser de carácter leve pasa generalmente desapercibida. “El metabolismo cerebral -apunta el psicólogo- es potentísimo y necesita mucho oxígeno. Su falta supone la muerte de muchas neuronas”.

Cuando el desorden neurológico es leve y pasa desapercibido acaba provocando limitaciones en el aprendizaje, hiperactividad o escaso interés, entre otros trastornos que padecen los niños que fracasan en la escuela.

“El niño” -dice el director del Instituto Fay- “conoce el mundo a través de sus ojos, de sus oídos, de sus manos y pies…y si algo falla en su cerebro, por mínimo que sea, provocando una desorganización neurológica, se produce un desajuste entre su edad biológica y la cerebral”. Al interpretar erróneamente el cerebro la información que recibe a través de los sentidos, se bloquean las capacidades del pequeño.

“No son niños vagos. Simplemente desconectan cuando les cuesta enterarse de lo que explica el profesor en clase”, abunda este psicólogo, que se autodefine como un “organizador neurológico”.

Estimular los sentidos

Detectado el problema, y las causas que lo han provocado, además del nivel de desorganización en la función neurológica, los especialistas del Instituto elaboran un programa de estimulación para cada caso concreto, que desarrollarán los padres -especialmente la madre- en casa y durante un periodo que viene a durar dos años, aproximadamente.

“La madre es fundamental en los siete primeros años de vida de cualquier niño. Es la gran estimuladora. En un 80% dirige la organización cerebral de su hijo”, comenta Carlos Gardeta.

De ahí que “no sea casualidad”, advierte, que la gran mayoría de docentes en la enseñanza primaria sean mujeres. “Los niños empatizan más con ellas, su influencia en el pequeño es mayor”.

Se trata pues de restaurar el ritmo y la organización neurológica que se truncó en algún momento de la vida del pequeño. “No le enseñamos a leer, lo que hacemos” -pone como ejemplo- “es organizar su cerebro para que espontáneamente lea, que es una función neurológica”.

Las terapias buscan acceder al área cerebral que es necesario organizar a través del sentido que más relación tiene con ella. “Cuando estimulamos el sentido del oído estamos accediendo al área que está relacionada con él. Así conseguimos crear conexiones que, sumadas a las ya existentes, van a acabar siendo suficientes para que el área funcione con normalidad”, agrega. Y entre esas terapias figura el gateo.

Publicado por MERCHE ESCURSELL para KEBUSKAS?